Últimamente todo el mundo habla de Brasil, el país que ha celebrado la Copa Confederaciones, y que celebrará el Mundial de Fútbol 2014 y las Olimpiadas de Río de Janeiro 2016.
En todas las televisiones muestran a las hinchadas de las selecciones pintadas de los colores de sus países; a los brasileños cantando el himno en la final; la victoria de Brasil y la derrota de España; las instalaciones; los estadios faraónicos; el despliegue de medios...
Pero apenas hablan de lo que hay detrás de toda esta parafernalia; de esta cortina de humo. Detrás de esto está la subida del precio y la precariedad del transporte urbano; el aumento del precio de los peajes y los combustibles; la corrupción de los políticos; la brutalidad policial; la subida de los impuestos; los recortes en sanidad y educación; la miseria en la que viven millones de brasileños, muchos de ellos hacinados en las fabelas; y como estas muchas otras cosas más.
Sin embargo, la mayoría de los medios españoles se han limitado a retransmitir la competición deportiva; dando apenas espacio para las protestas y sin explicar que, mientras que en Brasil la gente vive en la miseria, el gobierno destina millones de euros para construir edificios que albergarán competiciones deportivas.
Y es más, en muchos de ellos, en los espacios dedicados a las protestas no se hace otra cosa que criminalizar a los manifestantes mostrando las imágenes de grupos violentos.
Nos conformamos con ver el partido en la tele y admirar el gran estadio, sin pensar a costa de qué se ha podido construir. Brasil ha intentado mostrarse como una potencia emergente, pero todo esto no es más que una cortina de humo; una cortina de humo que debe correrse y detrás de la que se debe mirar.
María
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