Tengo una carrera, un máster y hablo 3 idiomas. He vivido en dos países y visitado unos cuantos más, y sí soy de pueblo. Soy de un pueblo de poco más de 300 habitantes, escondido en la desembocadura del río EO, en el occidente de Asturias, ese gran olvidado.
Soy una de las cientos de miles de personas que hemos crecido jugando en la calle, respirando aire puro, comiendo huevos y patatas de casa, escuchando a tu madre gritarte por la ventana para que entrases a comer.
Soy una de esas personas que ha tenido la suerte de criarse sin miedos, sin prisas, con calma, con cocinas de leña, con chimeneas, con magostos en el colegio, con carreras en bici por el prao. Soy a "filla da manteleira" porque eso no cambia, ni cambiará, porque no quiero que cambie.
Pero también soy una de esos cientos de miles de personas que tenían que coger un autobús para ir al instituto, que no tenían pediatra más de tres días a la semana, que si se ponen enfermas por la tarde tienen que ir a urgencias a otro pueblo, que necesitan el coche para moverse, porque el transporte público no existe, y que se ha tenido que ir para poder buscarse la vida, aunque sea algo.
Soy de esas que ha visto como la administración autonómica y estatal se olvidaba de ellas, y como la gente de ciudad, que por una extraña razón que no entiendo llega al pueblo con un rancio aire de superioridad la llenaba de etiquetas o en su defecto de comentarios totalmente fuera de lugar
Comentarios como " no me creo que una niña de Castropol viva en Madrid", "qué graciosa, de Castropol y viviendo en Polonia", " ay, ¿y sabes hablar inglés?". Comentario que se repiten verano tras verano, periodo vacacional tras periodo vacacional, comentarios de gente de la capital que se cree legitimado a etiquetar, juzgar e insultar a personas por haber nacido en un pueblo, al que paradójicamente, recurren cada fin de semana libre.
Ser de pueblo no es un insulto pese a lo que muchos piensan. Ser de pueblo es un halago, es recordarme las raíces, es saber lo afortunada que he sido de nacer y crecer donde lo he hecho. Es ver vacas, ver verde, ver mar, ver gente, saludar, sonreír, tener paz.
Es volver al inicio de todo y volver con la cabeza alta.
Ser de pueblo es una suerte, una SUERTE escrita con mayúsculas.
Basta ya de ponernos etiquetas, de quedarnos callados cuando nos dices cosas, de agachar la cabeza. Basta ya de pensar que son más que nosotrxs por haber nacido en una urbe. Basta ya de asentir y callar. Hablemos, mostremos el orgullo de haber nacido donde lo hemos hecho. Pongámonos nosotrxs la etiqueta, pero una etiqueta positiva llena de vida, de paz y de calma. No dejamos a nadie que nos la ponga. Tomemos la palabra y la voz que tantas veces nos han quitado, dejemos de ser la España olvidada y empecemos a pedir ser la España escuchada.
Una vez un niño le dijo a mi madre que pensaba que la leche venía del cartón porque nunca había visto una vaca. Eso si es triste y no haber nacido en un pueblo de 300 habitantes.
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