martes, 1 de abril de 2014

No entiendo

Cada día que pasa  hace que entienda menos el rumbo que está tomando esta sociedad. 

Cada día que pasa entiendo menos como es posible que en pleno siglo XXI exista una valla para separar un territorio de otro, para evitar que gente que huye del hambre y de la guerra llegue a nuestro país. Cada día entiendo menos como es posible que aún exista gente que defienda métodos tan medievales como las concertinas; y como puede existir gente a las que no se les encoja, aunque sea solo un poco, el corazón cuando ven las manos desgarradas de esos valientes que se atrevieron a saltar la valla; los cuerpos temblorosos de los que pasaron toda la noche a merced del mar en una patera como si de un barco de papel se tratase; y de esos chicos que arriesgan su vida escondidos en los bajos de un camión.

Entiendo menos como es posible que con las casas vacías que hay en este país, haya gente durmiendo en la calle; haya gente que es desahuciada; y haya gente que no tenga un hogar. Como es posible que haya personas que tengan que elegir entre comer o pagarse la hipoteca; que no puedan pagarse los medicamentos.

Cada día que pasa entiendo menos cómo es posible que haya personas con capacidad suficiente para estudiar una carrera universitaria, pero que no puedan hacerlo porque no se lo pueden pagar; que haya alumnos que tengan que dejar sus estudios a medias o padres que  no pueden hacer frente al coste de los libros de texto.

Cada día que pasa entiendo menos cómo un gobierno amparándose en una mayoría absoluta puede decidir por nosotros, por nosotras, sobre nuestro cuerpo. Cómo se quiere imponer la moral cristiana a toda la sociedad; sobre todo teniendo en cuenta que las ayudas, por ejemplo a la dependencia, cada vez son menores.

Pero es que también me cuesta entender la impunidad con la que la policía agrede; la impunidad con la que actúan, sin responsabilidad ninguna. Y me cuesta entender como una justicia supuestamente igual para todos deja que grandes banqueros, políticos y empresarios sigan tan alegremente en la calle  y no paguen por lo que han hecho.

Me cuesta entender tantas cosas, que creo que lo único que me inyecta esperanza son las personas. Pero las personas de verdad, las que ayudan en los comedores sociales; las que acogen a inmigrantes; las que salen a protestar por las injusticias (aunque ahora hasta este derecho nos quiera recortar); las que defienden que el color de la piel no significa que seas más o menos que nadie; las que no se conforman...

Estar personas dan sentido a la sociedad. Aprendamos de ellas y no tanto de los que se erigen como líderes de la sociedad.


María

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