Cuando eres pequeño te enseñan que todos somos iguales; que no debemos discriminar a nadie por su color de piel, su religión o su país de origen. Tus padres se empeñan en educarte en los valores de igualdad, justicia, equidad, saber estar...
A medida que vas creciendo ese mundo utópico y feliz se va desmoronando, y te topas con una realidad cruda, dura y a ratos incomprensible. Ya no todos somos iguales. Ahora el color de la piel no es solo un color, si no que es motivo de discriminación; la religión ya no es solo una fe, si no que es un elemento diferenciador; y el país de origen...
El país de origen es clave. Es clave para decidir si con seis años vas a estar jugando con tus amigos o mendigando; si a los 12 vas a estar aprendiendo los paises en el colegio, o recogiendo basura que posteriormente vender; si con 18 vas a irte de vacaciones para celebrar la mayoría de edad, o si vas a arriesgar tu vida montado en una barca de plástico para poder llegar a Europa; si con 25 vas a estar ansioso ante el primer día de trabajo, o vas a estar ansioso esperando el día ideal para poder saltar la valla; si con 30 vas a tener a tu primer hijo en un hospital, o vas a tener a tu primer hijo en una tienda de la media luna roja; si a los 40 vas a mudarte a una ciudad mejor con toda tu familia, o vas a embarcar en un viaje de no regreso para escapar de la guerra; si con 60 vas a pensar en cómo va a ser tu jubilación, o vas a estar pensando en las horas que quedan hasta poder conseguir el estatus de refugiado.
Y es entonces cuando te das cuenta de que ese mundo de color de rosa que nos han pintado no existe. Que ese mundo de felicidad, igualdad y justicia ha sido sustituido por guerra, violencia, injunticia y dolor. Que los niños no se pasan las tardes como te las pasabas tú jugando en la calle; que ahora, muchos niños, no saben lo que es la felicidad. Que los príncipes que te salvan han sido sustituidos por mafias que comercian con personas; y que el bueno no es tan bueno, y el malo no es como el que me describían en los cuentos que me leían mis padres. Ahora el malo crea vallas, separa familias, lanza bombas, tortura, asesina, levanta muros...
Es entonces, y solo entonces, cuando te das cuenta de que ahora el mundo ya no es como antes, de que ahora el mundo se pinta en tonos grises. Y es entonces, y solo entonces, cuando me pregunto ¿en qué momento hemos perdido la humanidad?
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