martes, 8 de marzo de 2016

8 de marzo

Cuando eres pequeño te enseñan que todos somos iguales, sin embargo, la realidad difiere mucho de la teoría; sobre todo si eres mujer.

Desde que naces te designan un color, porque qué no se le ocurra a tu madre, si eres una niña vestirte con ropa azul, que eso es de chicos. Empiezas el colegio, y te das cuenta de que lo que a ti te toca, como niña de tres años que solo piensa en jugar, son las muñecas, que lo del fútbol y el balón es de niños.

Y entonces empiezas a escuchar como a tu amigo Pepe le dicen que no llore, que eso es de niñas, y te preguntas qué por qué, si las lágrimas salen del mismo sitio; y un poco más tarde oyes al profe de gimnasia gritarle a Jaimito que corre como una nenaza, y   tampoco sabes por qué, si tu le ganas a Jaimito cada vez que jugáis al pilla-pilla; pero lo asimilas, y  lo empiezas a ver como algo normal.
Pasan los años, y  empiezas el instituto. Doce años recién cumplidos y primero de la ESO  a la vista. 

Tu vocabulario se amplía, y entonces esta clase es la polla, pero esta otra es un coñazo. Mira tú por dónde.  Y esta tía es una guarra porque se ha liado con no me importa cuántos, pero el chico este, que ha compartido saliva con el mismo número de persona que la chica, es un crack, el ídolo del instituto.
Y empiezas a salir de fiesta. Y claro, hay que pensar qué ponerse.  Si vas muy corta es que puedes incitar, entonces es mejor no vestirse como a una le apetezca para evitar miradas indiscretas (y ojalá solo fuesen miradas) en vez de enseñar a los hombres que tienen que respetar a las mujeres vistan como vistan.

Los años pasan, y te acostumbras. Te acostumbras a llevar las llaves en la mano cuando sales de fiesta y vuelves sola; a que griten cuando pasas en falda por una obra; a que te toquen el culo en la discoteca; a que no entiendan cuando dices NO; a cobrar menos que un hombre y trabajar más o simplemente lo mismo; a que un hombre te diga lo que tienes que hacer; a que te controlen.

Es entonces, cuando te das cuenta de que el problema de la desigualdad no se soluciona celebrando un día, que pasado mañana estará olvidado; ni desdoblando cada palabra como en la Constitución Venezolana o escribiendo arrobas. Este problema se tiene que intentar solucionar día a día: Educando en la igualdad, trabajando por la igualdad y creyendo en la igualdad.


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