martes, 24 de septiembre de 2013

Bocadillos mágicos

"Había una vez una familia en la que para cenar los padres daban a sus hijos bocadillos mágicos. Estos bocadillos eran de pan, y estaban rellenos de imaginación; es decir, entre las dos rebanas de pan tenían aquel alimento qué más gustaba a cada niño".

Este es el argumento de un anuncio de televisión, pero a parte de esto, es el reflejo de una realidad.
Ya no solo son los niños de los países del llamado "Tercer Mundo" (término que no me gusta utilizar porque no sé por qué a nosotros se nos considera "primer" y a ellos "tercer") los que pasan hambre. 

La crisis económica en la que estamos metidos, o mejor dicho, en la que nos han metido, se está cobrando cada vez más víctimas, y entre estas nuevas víctimas se encuentran los niños.

No hace mucho tiempo nos parecía imposible pensar que en un país como España  uno de cada cuatro de esos niños esté en riesgo de pobreza; que haya familias que no puedan dar de comer a sus hijos, y que se pase hambre.
Nos parecía que esas cosas solo pasaban en países de África, en los que veíamos las fotos de los bebés con las barrigas hinchadas; en países de Asia donde los menores tienen que trabajar para poder comer, o en países de América Latina, donde muchos españoles tenían a niños apadrinados.

Pero ahora, ya no hace falta irse tan lejos, ahora son los niños españoles los que empiezan a pasar hambre; los que tienen que ir a comedores escolares para poder asegurarse una comida caliente al día;  y los que de desayuno tienen solo un vaso de leche porque sus padres no les pueden dar otra cosa. Ahora son los padres españoles los que se tienen que inventar cosas tan extremas como los "bocadillos mágicos", y los que pasan sin comer para dárselo a sus hijos.

Parece que ahora que vivimos el problema en nuestras propias carnes, nos damos cuenta   que tenemos que hacer algo. Y tenemos que hacer algo no solo con nuestro niños, sino también con los otros. Porque, desgraciadamente, hay muchos países en los que estos bocadillos no existen. Y no porque haya comida suficiente, sino porque no hay pan para hacerlos.

Es triste que existan estos bocadillos, es triste que haya niños pasando hambre, y es triste que los que pueden hacer algo no hagan nada. 
Es triste y lamentable, que la gente no pueda hacer algo, tan fundamental, como comer; sobre todo cuando cada día se ven los excesos de esos que se hacen llamar políticos, que se niegan a ver la realidad y que no hacen nada por cambiarla.



                                                                                                                  María

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