Desde el repugnante atentado terrorista perpetrado en Barcelona esta semana, numerosos han sido los comentarios racistas y xenófobos hacia la comunidad musulmana. Mensajes de odio han inundado las redes sociales; bulos, generalizaciones, descalificaciones, y mentiras se han convertido en la norma en lugar de la excepción.
De un tiempo a esta parte, y especialmente después de los atentados terroristas de Londres, París, Bruselas, y ahora Barcelona; la estigmatización del Islam y de aquellos que lo profesan ha resurgido y parece que para quedarse.
La ignorancia hacia lo desconocido; el "es que la gente dice"; el miedo a lo diferente que no lo es; la búsqueda de un culpable; el desconocimiento de lo que pasa en el mundo; la falta de por qués; hace que los musulmanes se hayan convertido en el chivo expiatorio de Occidente.
Un "Occidente" que en lugar de buscar respuestas, se queda en la superficie, culpa al que no es culpable, y juzga sin juicio. Un "Occidente" que empieza a combatir el odio como más odio, como si eso sirviese para algo.
Un "Occidente" que entra en el juego de los terroristas como el perfecto peón. Estos seres despreciables tienen como objetivo principal atemorizar a la población para poder controlarla; y nosotros, ese "occidente" etnocénctrico que no ve más allá de sus fronteras, es el tablero de ajedrez perfecto. Somo peones movidos por el odio, que generan más odio, y eso es justo lo que ellos quieren.
Atentados como el de Barcelona son acciones repugnantes, deleznables e injustificables; al igual que lo que cada día ocurre en Nigeria, en Siria, en Irak, en Libia, en Túnez... que parecemos olvidar.
La solución es difícil, pero combatir el odio con más odio no es la respuesta; como tampoco lo es culpar a toda una comunidad por la que hacen unos pocos.
Y de eso deberíamos saber nosotros, un país en el que a pesar de que hasta no hace mucho existía un grupo terrorista, en ningún momento se nos pasó por la mente generalizar y decir que todas las personas que vivían en aquella comunidad autónoma eran miembros.
Porque lo fácil es no pensar, dejarse llevar por las emociones, y culpar al otro, sobre todo si ese otro no tiene tu mismo color de piel, vive lejos, y profesa una religión diferente.
En el mundo en torno a 1.500 millones de musulmanes según la ONU. Los miembros del autodeterminado Estado Islámico no llegan a los 50.000.
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